¿Tiene Colombia un caudillo? Desde hace cuatro años, por todos los medios de comunicación confirman y repiten que sí. Lo mismo hacen las encuestas, que no reducen su popularidad del 65 o más por ciento. Según éstas, el caudillo es imbatible.

Con un discurso de orden y autoridad, prometiendo lo posible y lo imposible, el pequeño jefe llegó hace cuatro años a la casa de gobierno. Desde entonces no permite que se dude que es un magnifico comunicador. Es más, podríamos afirmar que gobierna para los medios de comunicación. Es decir, para que a punto de repeticiones, de aparecer hora a hora, no se dude que es quien ordena en Colombia.

Aceptando el juego impuesto por el mandamás, la televisión informa sin pausa, de su presencia en los más variados y distantes puntos del país. Como si estuviera en campaña electoral permanente, un día aparece vestido a la usanza campesina, otro día almuerza con los soldados y ordena a los generales qué hacer en las zonas de guerra (que sin embargo no deberían existir pues según él, “aquí no hay conflicto”), habla con diminutivos y lo más común, cada noche clausura algún congreso o evento de industriales, banqueros o comerciantes, sin evidenciar olvido de quienes son sus verdaderos soportes.

Así, apareciendo una y otra vez en todos los medios de comunicación, ordenando, mostrándose imperturbable en las más variadas situaciones, acudiendo a las zonas de desastre natural, etcétera, ha creado la idea del caudillo, del insuperable, del imbatible.

Con rabo de paja

Pero “el pasado no perdona”. A pesar de todas sus maniobras y actuaciones, no se pueden olvidar algunas acciones de quien se considera imbatible.

Desde 1991, sin vergüenza y siendo Senador, lideró la reforma a la salud, la misma que luego se tradujo en su privatización. Propició la creación de las cooperativas de seguridad, las mismas que luego se evidenciaron como telón de los paramilitares para adelantar sus crímenes. Ya siendo Presidente, aceptó las demandas del Fondo Monetario Internacional, privatizando la banca pública, incrementando los costos de estudio en las instituciones educativas del Estado, incrementó los impuestos directos –al consumidor-, entre otros.

Pero además, amparado en un discurso patriotero, justifica el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, dejando sin soporte la soberanía nacional. La que ya estaba marchita con el avance del Plan Patriota y, en él, con las fumigaciones
indiscriminadas en páramos y selvas.

Su mayor “logro”, sin duda, es el impulso y aprobación por parte del Congreso nacional de la Ley que conlleva la legalización de los paramilitares y el olvido de sus masacres, todo a cambio de su desarme y de sus servicios sociales en carreteras y como guarda bosques.

Pero no hay que olvidar uno de sus mayores incumplimientos de campaña: derrotar a la guerrilla y asegurar la paz en 18 meses. Ahora no sabe que hacer con el tema, a pesar del desastre en que se ahonda el país.

Como si fuera poco, violó la Ley de Garantías Electorales que, entre otras cosas decía que no podía volver a transmitir sus Consejos de Seguridad, y en días anteriores lo hizo.

Así, entre promesas incumplidas, servicios a los más ricos, impunidad y su gran actuación en el reality de la colombianidad, queda por saber qué piensan y qué opinan todas aquellos que sufren los efectos de su gobierno, tanto los que tienen menos ingresos y continúan desempleados, como quienes sufren con la “justicia y paz” el dolor de ver como “Don” a quienes están lejos de ese honor. Con toda seguridad, para todos ellos el “caudillo” se levanta en pies de barro.

Contradicciones y razones

Entre promesas incumplidas, manejo de medios de comunicación y encuestas contradictorias, queda por verificarse si la mayoría nacional (¡el 25% que lo eligió!), se reafirma en aprobar su gestión. Por ahora los medios continúan diciendo que sí. Pero faltan meses para verificar el manejo mediático.

¿Cuál será la opinión de los millones que continúan desempleados aunque el Dane ya los clasifica como empleados?

¿Qué dirán los millones de subempleados, que cada día tienen que rebuscarse los cinco mil pesos para el diario?

¿Cómo será la opinión de los familiares de los soldados campesinos, reclutados a la fuerza, o los de aquellos que no han podido gozar un acuerdo humanitario?

¿Qué dirán los raspachines, desplazados y refugiados en las ciudades, muchos de ellos “levantados” en las detenciones masivas?

¿Cómo se expresarán los indígenas, perseguidos por su justa lucha por la tierra y por la soberanía alimentaria?

Claro, del otro lado, allí donde se sitúan los dueños de todo, el favor podrá continuar, eso sí, si aún no se han asustado con el ascenso de matarifes al rango de líderes políticos. Las ganancias obtenidas no han sido pocas en este gobierno, entre ellas que sus hijos no sean obligados a prestar el servicio militar, a pesar de la norma que así lo ordena y de su felicidad porque el mandamás está liderando la guerra, como también pagar menos impuestos directos y reducir los salarios reales a sus trabajadores.

Al final, entre mediaciones y palabrerías populares que se le sienten falsas, entre contradicciones y luchas de quienes se resisten a vivir de falsas ilusiones y ser manejados como ovejas, podrá verse que el “caudillo” del siglo XXI tan sólo fue una ilusión insuflada por los medios de comunicación.

artículo publicado para la edición 109 del mensuario desde abajo